El giro subjetivista que introdujo el post-modernismo en el modelo sistémico lo ha enriquecido con importantes elementos teóricos y prácticos, como la crítica de la posición supuestamente objetiva del terapeuta, las preguntas circulares y reflexivas o las técnicas de externalización.
Este artículo plantea la conveniencia de reemprender la renovación de la terapia familiar sistémica abordando temas pendientes, como el papel del individuo en los sistemas relacionales, el lugar que ocupan las emociones o la construcción de una psicopatología relacional. Se propone la denominación de “terapia familiar ultra– moderna”, a la espera de una mejor.